
La Diócesis de Coria-Cáceres ha inaugurado este domingo, 20 de septiembre, el curso pastoral 2026-2027 con un encuentro celebrado en el Seminario Diocesano de Cáceres, en el que han participado representantes de parroquias, delegaciones, movimientos, cofradías, comunidades religiosas, colegios, asociaciones y otras realidades eclesiales.
Bajo el lema «Volver al corazón, para encontrarse con Dios y con el prójimo», la jornada ha querido ser algo más que la presentación de una programación. La propuesta para este año es compartir unas orientaciones comunes que después deberán concretarse en cada comunidad según su propia realidad. El Plan Pastoral, elaborado a partir del trabajo del Consejo Diocesano de Pastoral, pide precisamente que ese proceso se realice con un estilo sinodal basado en la escucha, la corresponsabilidad, el discernimiento comunitario y la revisión.
«Un mismo corazón», aunque las realidades sean diferentes
El obispo de Coria-Cáceres, Mons. Jesús Pulido, centró buena parte de su intervención en explicar el sentido profundo de la propuesta. La diócesis no pretende uniformar las actividades de parroquias, movimientos o delegaciones, sino ayudar a que todas ellas compartan una misma orientación espiritual.
«No programar actividades», explicó, sino «unirnos en un mismo corazón y en una misma espiritualidad», de manera que las distintas realidades puedan desarrollar iniciativas diferentes pero caminar juntas como Iglesia diocesana.
El corazón, insistió el obispo, no debe entenderse únicamente desde lo sentimental. En la tradición bíblica representa el centro de la persona, el lugar de las decisiones, la interioridad, la relación con Dios y la capacidad de amar. De ahí que volver al corazón implique simultáneamente entrar dentro de uno mismo, encontrarse con Cristo y volver a salir para encontrarse con los demás.
Una reflexión especialmente actual en un momento marcado por los avances tecnológicos y la inteligencia artificial. Frente a las capacidades cada vez mayores de las máquinas, Mons. Pulido puso el acento en aquello que caracteriza profundamente al ser humano: la capacidad de amar libre y desinteresadamente.
El Buen Samaritano, hoja de ruta para el curso
La celebración inicial estuvo marcada por la oración, la música y varios gestos simbólicos. Las luces apagadas, las pequeñas velas encendidas y el canto Amar es entregarse ayudaron a expresar una de las ideas que atravesó todo el encuentro: la luz recibida no es para guardarla, sino para compartirla.
La Palabra de Dios ocupó el centro de la oración. La parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) será el texto bíblico de referencia durante todo el curso. Su invitación final —«Anda y haz tú lo mismo»— sitúa el lema en un terreno muy concreto: volver al corazón no significa encerrarse en la propia interioridad, sino aprender a mirar, acercarse, cuidar y hacerse prójimo.
El propio Plan Pastoral conecta esta espiritualidad con la realidad social de Extremadura: exclusión social, dificultades de acceso a la vivienda, precariedad laboral, vulnerabilidad de menores y jóvenes, despoblación, envejecimiento, soledad y nuevas formas de fragilidad social y relacional.
Un corazón y una luz que llegarán a las comunidades
Como el olivo sirvió el pasado curso para expresar visualmente la comunión diocesana, este año será el corazón el signo que acompañará a las comunidades.
El Plan Pastoral propone que esté presente en los templos como recuerdo del Corazón de Cristo, del encuentro del ser humano con Dios, de la fraternidad, de la compasión hacia los más vulnerables y de una misión que nace del amor.
Durante la apertura se presentó también una vela con el lema del curso, destinada a parroquias y otras realidades diocesanas. Junto a ella se distribuirán el cartel, las orientaciones pastorales y unas catequesis preparadas para profundizar comunitariamente en el significado de «volver al corazón».
De un lema a una pastoral concreta
El vicario de Evangelización y Pastoral, Ángel Martín Chapinal, recordó que cada comunidad está llamada a hacer «su parte», utilizando la imagen del pequeño colibrí que lleva gotas de agua para combatir el incendio. Frente a problemas tan amplios como la secularización, la falta de vocaciones, la despoblación o la soledad, ninguna comunidad puede resolverlo todo, pero cada una puede asumir responsablemente aquello que le corresponde.
El documento diocesano concreta este horizonte en cinco líneas: renovar el anuncio de Cristo y la transmisión de la fe; servir al prójimo mediante la caridad y el compromiso social; aumentar la participación y corresponsabilidad de los laicos; caminar juntos construyendo comunidades vivas y sinodales; y mejorar la programación y evaluación de la acción pastoral.
Cada parroquia, movimiento, delegación o grupo deberá ahora traducirlas a su realidad, identificando necesidades, objetivos, acciones, responsables y formas de evaluación.
Guadalupe, misión y memoria
La apertura sirvió además para presentar otras iniciativas que acompañarán la vida diocesana durante el curso. Entre ellas ocupa un lugar destacado el Año Santo Guadalupense, que se prolongará hasta septiembre de 2027 y que invita a peregrinar a Guadalupe como experiencia de fe, comunión y renovación cristiana.
También se presentó la obra póstuma del sacerdote Jesús Moreno Ramos, anterior vicario de Pastoral y Evangelización, fallecido precisamente un 20 de septiembre. Su estudio sobre los Misioneros de la diócesis de Coria en Filipinas (1543-1898) recupera la historia de 118 religiosos de la antigua diócesis de Coria que desarrollaron su labor misionera en Filipinas.
El recuerdo de aquellos misioneros aportó así otro matiz al inicio del curso: volver al corazón no significa quedarse dentro, sino encontrar en Cristo la fuerza para salir.
La jornada concluyó con una llamada que resume el camino que ahora comienza para toda la diócesis: hacer de parroquias, familias, colegios, movimientos, cofradías y grupos una Iglesia con corazón; una Iglesia que escucha, acoge, sirve y ama. Porque durante este curso 2026-2027, volver al corazón tendrá necesariamente dos direcciones: hacia Dios y hacia el prójimo.
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