La Cuaresma se vivirá este año de una forma especialmente pedagógica y participativa en las misas familiares con la nueva propuesta “Receta Cuaresmal: Deja que Jesús cocine tu vida”, una iniciativa pensada para ayudar a los niños y a sus familias a comprender el sentido de este tiempo litúrgico a través de un lenguaje cercano y visual.
El proyecto combina los dibujos catequéticos del ilustrador Fano con las canciones del cantautor Unai Quirós y propone un itinerario semanal en el que la Palabra de Dios se presenta como una auténtica receta de vida. Cada domingo los pequeños recibirán una ficha para colorear, recortarán una parte del dibujo correspondiente y la irán pegando hasta completar su “receta cuaresmal”, de modo que puedan recordar en casa el mensaje del Evangelio escuchado en la Eucaristía.
La propuesta parte de una idea sencilla: en esta Cuaresma los niños están invitados a “dejar que Jesús cocine su vida”. Cada domingo la liturgia ofrece un ingrediente distinto que da sabor a la existencia cristiana.
El recorrido comienza el Miércoles de Ceniza con el Evangelio de Mateo 6, donde Jesús propone una “salsa” con tres ingredientes esenciales: ayuno, limosna y oración. Vividos con humildad y coherencia, estos elementos preparan el corazón para todo el camino cuaresmal.
A partir de ahí, cada domingo desarrolla un símbolo culinario ligado al Evangelio:
El objetivo no es solo que los niños recuerden el Evangelio, sino que puedan comentarlo en casa con sus padres. La colección semanal de dibujos, unida a la música y a la explicación en la homilía familiar, pretende convertir la misa dominical en un espacio vivido y comprendido.
La iniciativa busca traducir el lenguaje espiritual de la Cuaresma a códigos cercanos a la infancia: símbolos visuales, participación manual y una narrativa continua que acompaña todo el itinerario hasta la Pascua.
Desde la comunidad parroquial destacan que se trata de “una manera sencilla de sembrar la fe desde pequeños”. Cada domingo no solo se recibe un dibujo: se aprende un paso concreto para vivir mejor el Evangelio.
Con esta propuesta, la Cuaresma deja de ser un tiempo abstracto para convertirse en un camino cotidiano: una receta que, domingo tras domingo, enseña a los más pequeños —y también a los mayores— a vivir con el corazón más abierto a Dios y a los demás.















