La Iglesia comienza hoy 18 de febrero, Miércoles de Ceniza, el tiempo de Cuaresma y lo hace con una invitación muy concreta del papa León XIV. Bajo el título «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión», el Pontífice ha hecho público su mensaje anual, en el que propone un itinerario espiritual sencillo pero exigente: volver a poner a Dios en el centro de la vida cotidiana.
El Papa recuerda que la Cuaresma no es solo un periodo litúrgico, sino una oportunidad para reordenar la existencia. Según explica, la conversión comienza cuando la persona deja que la Palabra de Dios entre en su vida y la transforme .
El eje principal del mensaje es la escucha. León XIV afirma que la capacidad de escuchar es el primer signo de que queremos relacionarnos con Dios y con los demás. Escuchar la Palabra, señala, educa también para escuchar la realidad, especialmente el sufrimiento de los pobres y de quienes atraviesan injusticias.
No se trata solo de oír lecturas en la iglesia. El Papa insiste en una actitud interior: abrir espacio a Dios en medio de la dispersión diaria y reconocer la voz que habla a través de las personas, los acontecimientos y las necesidades cercanas.
El segundo pilar es el ayuno. León XIV lo presenta como una práctica concreta que dispone el corazón para acoger la Palabra de Dios. Al implicar al cuerpo, ayuda a descubrir qué es verdaderamente esencial y a orientar los deseos hacia el bien.
Pero el Papa amplía el sentido tradicional: propone también un ayuno de palabras. Invita a abstenerse de insultos, críticas destructivas, calumnias o juicios rápidos, sustituyéndolos por amabilidad y respeto, tanto en la familia como en el trabajo, las redes sociales o la vida pública.
El mensaje subraya además que la Cuaresma no es individualista. Familias, parroquias y grupos cristianos están llamados a vivir juntos la escucha de la Palabra, el ayuno y la atención al sufrimiento humano, de modo que la conversión afecte también al estilo de las relaciones y al diálogo dentro de la comunidad.
A partir del mensaje del Papa, la propuesta se puede traducir en gestos sencillos que cualquier vecino puede realizar:
1. Escuchar a Dios
2. Escuchar a los demás
3. Ayuno auténtico
4. Ayuno de palabras
5. Caridad concreta
El Papa concluye pidiendo que este tiempo haga “más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados” y que las comunidades se conviertan en lugares donde el sufrimiento encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación.
La Cuaresma, así entendida, deja de ser solo una costumbre religiosa para convertirse en un ejercicio práctico de fe cotidiana: escuchar más, hablar mejor y vivir con mayor sencillez.

