Bajo el lema «Seguimos en Sínodo», la Diócesis de Coria-Cáceres invita a todas las parroquias, comunidades, movimientos y asociaciones a preparar la Asamblea Diocesana de Evaluación, que se celebrará el 17 de abril de 2027. Será una oportunidad para revisar el camino recorrido desde el Sínodo sobre la Sinodalidad, reconocer los frutos que el Espíritu Santo está suscitando y descubrir los nuevos pasos que debemos dar para construir una Iglesia más participativa, corresponsable y misionera. Las aportaciones de las comunidades deberán enviarse antes del 10 de diciembre de 2026.
La sinodalidad no es una actividad más en la agenda de la Iglesia. Es una manera de vivir nuestra fe, de relacionarnos, de escuchar al Espíritu Santo y de asumir juntos la responsabilidad de anunciar el Evangelio.
Con esta convicción, la Diócesis de Coria-Cáceres ha iniciado la preparación de su próxima Asamblea Diocesana de Evaluación del Sínodo sobre la Sinodalidad, que tendrá lugar el sábado 17 de abril de 2027.
La convocatoria forma parte de la fase de aplicación del Sínodo, que se desarrolla entre marzo de 2025 y octubre de 2028, y responde a las orientaciones de la Secretaría General del Sínodo para evaluar cómo las Iglesias locales están llevando a la práctica las propuestas del Documento Final del Sínodo 2021-2024.
El objetivo no consiste simplemente en organizar una nueva reunión diocesana, sino en detenernos, mirar con sinceridad nuestra realidad eclesial y preguntarnos:
¿Qué ha cambiado realmente en nuestra manera de ser Iglesia? ¿Estamos aprendiendo a caminar juntos? ¿Qué frutos están naciendo en nuestras comunidades?
La respuesta a estas preguntas requiere la participación de todos.
El proceso sinodal ha insistido en tres dimensiones inseparables de la vida de la Iglesia: comunión, participación y misión.
La comunión nos recuerda que todos formamos parte del Pueblo de Dios y que nuestra diversidad de vocaciones, ministerios y carismas constituye una riqueza.
La participación nos invita a superar una visión de la Iglesia en la que unos pocos deciden y los demás se limitan a recibir indicaciones. Todos los bautizados estamos llamados a contribuir, desde nuestra vocación y responsabilidad, al discernimiento y a la vida de nuestras comunidades.
Y la misión nos recuerda que la Iglesia no existe para encerrarse en sí misma, sino para anunciar a Jesucristo y hacerse presente en medio del mundo, especialmente junto a los más pobres y vulnerables.
En este sentido, el cartel de la convocatoria recoge una afirmación especialmente significativa:
«Si las parroquias no son sinodales y misioneras, tampoco lo será la Iglesia».
Esta frase resume uno de los principales desafíos que tenemos por delante: conseguir que la sinodalidad deje de ser solamente un tema de reflexión y se convierta en una realidad cotidiana en nuestras parroquias.
Porque la renovación de la Iglesia comienza también en nuestras reuniones, en la catequesis, en los grupos parroquiales, en los consejos pastorales y en la manera de acompañar a las personas.
La Asamblea del 17 de abril de 2027 tendrá una doble finalidad: evaluar el proceso sinodal y celebrar el camino comunitario recorrido.
No se trata de realizar una evaluación meramente administrativa, como si tuviéramos que presentar un balance de actividades realizadas.
La propuesta es mucho más profunda: reconocer cómo el Espíritu Santo ha actuado en nuestras comunidades, qué transformaciones se están produciendo y qué dificultades siguen impidiendo avanzar hacia una Iglesia verdaderamente sinodal.
El documento preparatorio señala tres objetivos fundamentales.
En primer lugar, reconocer los frutos del Espíritu Santo, identificando las experiencias de comunión, escucha, corresponsabilidad y misión que han surgido durante estos años.
En segundo lugar, reconocer las dificultades y resistencias que hemos encontrado. La sinodalidad exige sinceridad para admitir que todavía existen actitudes individualistas, dificultades para trabajar juntos y formas de organización que necesitan renovarse.
Finalmente, identificar los nuevos retos y los pasos que debemos dar, descubriendo qué nos está pidiendo el Señor en este momento de la vida de nuestra Iglesia diocesana.
La evaluación será, por tanto, una experiencia de gratitud, verdad y conversión.
Una de las características más importantes de esta convocatoria es su carácter abierto y participativo.
La Secretaría Diocesana para el Sínodo invita expresamente a colaborar a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos apostólicos, asociaciones, cofradías y organismos de participación eclesial.
También están llamados a participar los consejos pastorales parroquiales y los distintos organismos diocesanos.
La Asamblea no debe prepararse solamente desde las estructuras diocesanas. Su preparación debe comenzar en la vida concreta de nuestras comunidades.
Por eso, cada parroquia y grupo está invitado a realizar un ejercicio de memoria y discernimiento sobre su propia experiencia.
Se trata de preguntarnos cómo hemos vivido el proceso sinodal y, sobre todo, cómo está transformando nuestra manera de relacionarnos, organizarnos y evangelizar.
No es necesario que todas las comunidades hayan desarrollado grandes proyectos. También los pequeños avances, las experiencias sencillas de colaboración y los nuevos espacios de escucha pueden constituir frutos importantes de este camino.
El documento preparatorio propone revisar el camino sinodal a la luz de tres grandes procesos de conversión.
La conversión de las relaciones. Nos invita a examinar cómo nos escuchamos, cómo acogemos las opiniones diferentes, cómo valoramos los carismas de cada persona y cómo vivimos la fraternidad y la corresponsabilidad.
Una comunidad sinodal no es aquella en la que todos piensan igual, sino aquella en la que todos pueden sentirse escuchados y reconocidos como miembros del mismo Pueblo de Dios.
La conversión de los procesos eclesiales. Nos lleva a revisar cómo tomamos las decisiones, cómo discernimos comunitariamente, cómo ejercemos las responsabilidades y cómo funcionan nuestros organismos de participación.
La sinodalidad también exige transparencia, formación, evaluación y una organización pastoral que favorezca la participación real de los fieles.
La conversión de los vínculos. Nos invita a mirar más allá de nuestra propia comunidad, fortaleciendo las relaciones con otras parroquias, movimientos, Iglesias locales e instituciones sociales.
Una Iglesia sinodal es también una Iglesia abierta al mundo, comprometida con la justicia, la paz, el cuidado de la creación y la promoción de la dignidad humana.
Estas tres conversiones nos ayudan a comprender que la sinodalidad no consiste únicamente en celebrar reuniones, sino en transformar progresivamente nuestro estilo de vida eclesial.
La Secretaría Diocesana para el Sínodo solicita a las comunidades y grupos que elaboren un breve relato narrativo sobre el camino recorrido.
No se trata de responder a un cuestionario interminable ni de redactar un documento técnico.
Lo que se pide es contar, con sencillez y sinceridad, cómo se ha vivido el proceso sinodal y qué frutos están apareciendo.
El documento preparatorio propone prestar atención a cuestiones como la espiritualidad sinodal, la participación de los laicos, el discernimiento comunitario, la toma de decisiones, el funcionamiento de los consejos pastorales, la transparencia, la renovación misionera de las parroquias y la presencia de los cristianos en la sociedad.
No es obligatorio abordar todos estos ámbitos. Cada comunidad deberá centrarse en aquellos que resulten más significativos para su propia experiencia.
Para facilitar el trabajo, pueden servirnos algunas preguntas:
¿Qué ha hecho el Señor en nuestra comunidad durante estos años?
¿Qué hemos aprendido sobre la escucha, la participación y el trabajo compartido?
¿Qué dificultades encontramos para vivir como una Iglesia más fraterna y misionera?
¿Qué nuevos pasos sentimos que el Espíritu Santo nos invita a dar?
Lo importante es que el relato refleje la experiencia real de la comunidad y no se limite a enumerar actividades.
Las parroquias, grupos y comunidades que participen en esta preparación deberán enviar sus relatos a la Secretaría Diocesana para el Sínodo antes del 10 de diciembre de 2026.
La dirección de correo electrónico habilitada para recibir las aportaciones es:
pastoralobrera@diocesiscoriacaceres.es
Con todos los testimonios recibidos, la Secretaría Diocesana elaborará un documento de síntesis de entre seis y ocho páginas, aproximadamente entre 3.000 y 4.000 palabras.
Este texto será remitido nuevamente a los participantes para su estudio y posterior valoración en la Asamblea Diocesana del 17 de abril de 2027.
Durante la Asamblea, el documento podrá ser ratificado o modificado y, una vez validado por el obispo, será enviado a la Secretaría para el Sínodo de la Conferencia Episcopal Española.
El proceso contempla también la elaboración de una Carta a las Iglesias, de unas dos páginas, que permita compartir con otras comunidades eclesiales la experiencia y los frutos del camino recorrido.
De esta manera, la reflexión de nuestra diócesis contribuirá al proceso sinodal que continúa desarrollándose en la Iglesia universal.
Desde la Parroquia de San Pedro de Alcántara de Cáceres queremos acoger esta invitación como una oportunidad para seguir avanzando en nuestra renovación pastoral.
El Sínodo nos recuerda que la parroquia no es únicamente un lugar donde se celebran sacramentos o se organizan actividades religiosas. Es, ante todo, una comunidad de discípulos misioneros que comparten la fe, se acompañan mutuamente y asumen juntos la responsabilidad de evangelizar.
En este sentido, nuestra apuesta por la Acción Católica General y los Grupos de Vida, junto con el trabajo de los catequistas, Cáritas y los distintos grupos parroquiales, nos ofrece espacios concretos para seguir creciendo en corresponsabilidad y participación.
La preparación de la Asamblea puede ayudarnos a revisar cómo estamos viviendo esta experiencia y qué debemos mejorar.
¿Estamos favoreciendo la participación de todos? ¿Escuchamos suficientemente a los jóvenes y a las familias? ¿Nos preocupamos por quienes se encuentran alejados de la comunidad? ¿Estamos construyendo una parroquia donde cada persona pueda descubrir su vocación y poner sus dones al servicio de los demás?
Estas preguntas conectan profundamente con el lema pastoral de nuestra diócesis para este curso:
«Volver al corazón, para encontrarse con Dios y con el prójimo».
Volver al corazón significa también escuchar lo que el Espíritu Santo está suscitando en nuestra comunidad y descubrir que nadie puede vivir la fe de manera aislada.
La sinodalidad nos invita precisamente a caminar juntos, compartir responsabilidades y salir al encuentro de quienes necesitan experimentar la cercanía de la Iglesia.
La Asamblea Diocesana de Evaluación será un momento importante dentro del proceso de aplicación del Sínodo, que continuará hasta octubre de 2028.
Pero su verdadero valor no dependerá únicamente de lo que suceda ese día.
La Asamblea comenzará a dar fruto desde el momento en que nuestras comunidades se sienten a escuchar, dialogar, reconocer sus dificultades y discernir juntas el futuro.
Por eso, la invitación que nos dirige la Secretaría Diocesana es clara:
«Tú eres Iglesia, prepara la Asamblea Diocesana».
No podemos delegar siempre en otros la responsabilidad de construir una Iglesia más evangélica, participativa y misionera.
Todos tenemos algo que aportar. Todos podemos escuchar. Todos podemos ayudar a discernir. Todos estamos llamados a caminar juntos.
Recordamos las dos fechas fundamentales:
Desde nuestra parroquia animamos a todos los grupos y agentes de pastoral a implicarse en esta preparación.
Porque seguir en Sínodo significa seguir escuchando al Espíritu, seguir caminando como hermanos y seguir anunciando juntos la alegría del Evangelio.
Una Iglesia que escucha, participa y camina unida es una Iglesia que renueva su corazón para encontrarse con Dios y con el prójimo.
